El 3 de junio de 2015 se convocó la primer marcha de Ni Una Menos en Argentina. Fue luego del femicidio de Chiara Páez, una chica de 14 años que fue asesinada y enterrada por su novio. Estaba embarazada de tres meses. La enterró en el patio de su casa.
Este caso fue la gota que colmó el vaso para darnos cuenta de la urgencia de la movilización colectiva y la necesidad de exigir desde nuestros espacios y en las calles por la seguridad de las mujeres. Por nosotras y por las otras.
El primer Ni Una Menos me encontró viviendo en La Plata y cursando primer año en la facultad y fui a la marcha. Me dio piel de gallina ver tanta cantidad de mujeres caminando. Sentía que se conocían de antes, porque eran amables entre ellas. Y no, eran feministas. Concepto que entendí mucho después. También me horroricé un poco porque cantaban "si el Papa fuera mujer, el aborto sería ley", porque en ese momento el Papa me parecía simpático. Otra cosa que entendí después.
Esa marcha fue el nacimiento de un movimiento que se ha extendido en Latinoamérica y España. Mujeres gritando "ni una menos". Mujeres organizadas cantando que por favor no nos maten más. Un grito desesperado que se volvió himno, bandera y parte del calendario.
A 5 años de ese primer Ni Una Menos, nos encontramos sin poder salir a marchar. Las que podemos continuamos la lucha desde nuestras casas y en las redes. No importa la circunstancia, el 3 de junio todo será violeta, verde y dirá NI UNA MENOS, para que no haya ni una menos entre nosotras, y por las que ya no están.
Sin embargo, a pesar de que pasaron 5 años de esta lucha sorora, donde hemos crecido y re-aprendido a escucharnos entre nosotras, a pesar de que el trayecto ha sido largo y que sabemos que nos tenemos entre hermanas, hay días en los que se siente como si no hubiéramos avanzado nada o, al menos, que no avanzamos lo suficiente. Y cómo no sentir el retroceso, si nos despertamos con la noticia de que una violación en manada es justificada como un "desahogo sexual". El fiscal Fernando Rivarola decidió sobre el cuerpo de una mujer y justificó la violencia machista de un grupo de hombres -que también decidieron sobre el cuerpo de la víctima en 2012-.
Violentan y re violentan nuestros cuerpos. Nos violentan y nos culpan y se justifican y nos intentan callar. Pintar PAREN DE MATARNOS en una pared es salvaje pero violar entre cuatro tipos a una menor es un DESAHOGO.
Este tipo de injusticias hacen que me sienta cansada de luchar. Aunque sí, es invaluable y casi mágico encontrarnos hermanadas y poder cantar con los pañuelos verdes y el glitter en la cara, necesito que sea porque queremos, y no porque nos urge. Necesito sea porque tenemos la libertad de hacerlo, y no porque cada 29 horas falta una.
Entender el feminismo conlleva una deconstrucción de todo lo que te rodea, y para deconstruir hay que destruir todo lo que te impusieron. Duele mucho quitarse la venda y ver con los ojos de la justicia cuántas veces fallamos y cuántas de las personas que nos rodean nos oprimen u oprimen a otra mujer. Y es difícil tomar la decisión de querer cambiar -a pasos de bebé- esta sociedad machista y, como cada una puede y quiere, intentar todos los días mejorar o hacer algo. Sin embargo, lo intentamos.
Pero hay días, como hoy, que nos agota tener que trabajar tanto para lograr algo tan simple como la igualdad. En estas situaciones siento que estamos persiguiendo una utopía a pie, mientras nos pasan por al lado en auto y nos saludan: "chau chicas!".
Pasaron 5 años y nos arrebataron más de mil quinientas mujeres. Por eso no podemos simplemente cansarnos y dejar de luchar. Para que dentro de 5 años no haya ni una menos, y por las que ya no están. Por las que no pueden salir a marchar y por las que todavía no comparten nuestra lucha. Por las futuras hijas y por las brujas que quemaron.
Más que nunca y para siempre: ni una menos.
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